Cual convicción de madre, creo que hoy finalmente te viniste a despedir.
Sensación enorme de tristeza pero a su vez también el extrañar que nunca se va.
Apareciste ahí, como cada vez que me parece encontrarte en las canas grises de algún flaco medianamente alto que cruzo por la calle. Y entre que se me llena el corazón de alegría porque creo que sos vos, al mismo instante se van las emociones porque veo que ese extraño no es a quien recuerdo y que no vas a volver, al menos materialmente.
Pero sí en sueños....
Estabas ahí... parado con tu remera amarilla y tus pantalones de un color blanco gastado. Piel morena que denota tantas noches de playa y carnaval. Me veías venir y sonreías, mientras agitabas tus manos intentando decir un "Hola!". No escuché tu voz, creo que no la volví a escuchar desde ese día. Es raro pensar que esa es una de las pocas - o tantas- cosas que quedan. El ser humano es insaciable.
Mientras me acercaba vos te alejabas, cruzando de vereda, pero siempre mirando y sonriendo con esa picaresca huida.
¿Será el momento de dejarte partir? ¿Cómo saber? Sentimientos contradictorios acuden a este encuentro.
Si embargo, me quedo satisfecha porque te pude volver a ver... ya con eso basta....
No hay comentarios.:
Publicar un comentario