martes, 19 de enero de 2016

Tres meses y cinco días

Hace tres meses y cinco días, exactamente, que lloro un poco y otras veces mucho, todos los días. Quien iba a decir que la vida te podía cambiar tanto en tan poco tiempo. 
Te internaste feliz, pensando en que al fin ibas a poder comer bien, en que en 5 o 7 días estábamos en casa de nuevo, todos juntos, y que de ahí, íbamos a juntar energía para dar batalla de nuevo a esa mierda que te terminó acabando. 
Pero no. Las cosas no resultaron como se planearon. Y no volviste a ser lo que eras, al menos en vida. No hay un día que no llore como tampoco hay un día que no sueñe que estás con nosotros. Es imposible creer que todo termine ahí, sin más. Tampoco hay día en que no desee estar en tu lugar, pero yo se que no lo hubieses permitido. 
¿Por qué tanto sufrimiento? ¿Por qué te tocó pasar por esto? Creo que nunca voy a encontrar la respuesta, porque no la hay. No existe justificación para tal fatalidad. Sólo espero que la vida en el más allá sea como lo que creíste de tu religión, o lo que yo prefiero creer de mi cosmovisión: que estés junto a tus padres, hermanos y amigos que ya partieron, disfrutando y recuperando el tiempo perdido, que ahí, mientras los recordemos, es eterno. 
Mientras veo pasar los días, siguiendo por inercia, descubriendo más sinsentidos que me rodean, siguiendo con mi filosofía de "liviano de equipaje" y cada vez más convencida de ella. 
Te extraño... pero creo que empecé a extrañarte antes de que te fueras...

sábado, 2 de enero de 2016

El amor (parte 2)

[Si hay un tema que no se agota nunca, ese es el amor. Esta palabra es tan amplia que es imposible encerrarnos en un único significado. En esta ocasión, solo nos abocaremos al amor que sucede entre dos personas, como en el anterior.
Hay diferentes tipos de enamorados. Están aquellos enamorados que son camaleones, cambian y se adaptan a la personalidad del que tienen al lado. Poseen una cualidad muy particular, aunque muchas veces muy criticada por los externos a la relación, como es mi caso. Lo peor es cuando cambian de pareja, y la nueva resulta ser la antítesis o bastante diferente de la anterior. Todo lo que defendieron en la relación previa, ahora es parte del pasado y actualizan su versión de enamoramiento, con mejoras y correcciones de errores, al mejor estilo Google Play.
¡Qué se yo! A mi parecer no está tan bueno ser así, es como que no sabes quién sos, nunca sos vos. O sí, sos ese camaleón que se adapta a cualquier entorno. Pero igual, no comparto, creo que siempre hay que ser fiel a nuestra esencia, buscando puntos de encuentro, siendo flexibles al cambio, etc.
Después están los que buscan en el otro, la versión de sus progenitores o alguien de quien hacer cargo. Estos creo que son los que más se complementan: una persona que desea tratar a su pareja como un hij@ y del otro lado, alguien que no resolvió sus conflictos de Edipo o Electra.]

… y me encontraba escribiendo estas cosas, con nuevas ideas, cuando sucedió lo peor. Lo peor que me podría haber pasado, quizá por ahora, porque siempre puede haber algo que lo supere. Espero que no y que este sea el mayor dolor que tenga sufrir, y nada más.

Empecé este blog, a escribir, para poder sacarme de adentro una tristeza muy grande que tenía por la pérdida de un gran amigo. Porque en él y su partida veía lo que no se pudo hacer por una persona y sí se había podido hacer por otra: mi viejo. Y que chota y jodida que es la vida, que a un año y un mes, exactamente, me lo quita a él.

Sí, porque la vida no es eso que te pintaron. Quizá sea una especie de purgatorio, como menciona el cristianismo. Porque de otro modo no se puede entender que tengamos que pasar por cosas tan horribles. ¿Para qué? ¿Con que fin? ¿Aprender? No se puede aprender desde lo que no querés saber. Todo ese discurso barato de que es aprendizaje, crecimiento, bla bla, solo lo pueden repetir los que nunca tuvieron que pasar por nada traumante en sus vidas. Y ponele que sí, que ésta no es la primera situación fea que paso, tuve otras, pero esta sin dudas es la peor.

Todavía no sé cómo llevar todo este dolor, qué hacer con él, donde ponerlo. Por lo pronto me acompaña todos los días, desde hace bastante ya, parecía que se venía anticipando. Volví al absurdo, del que solía salir solo de a ratos. Hoy me encuentro viviendo en él. Replanteando lo que nunca tuvo sentido. Y esperando que siga así, que nunca lo tenga, porque así es como verdaderamente es.


Seguir por inercia hasta donde se pueda, después se verá. Frente al dilema de Hamlet entre el ser y no ser, hoy por hoy, prefiero no ser.